Conservación de los relojes       
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La conservación de los relojes requiere de cierto conocimiento de los mismos, para que esta empresa pueda ser llevada a cabo con éxito.

En la larga vida de los relojes antiguos, que medimos en décadas e incluso siglos, los avatares que han podido sufrir son numerosos. Las condiciones en las que han funcionado habrán producido en muchos casos desgastes en su mecanismo. De esta forma el estado en el que se encuentran los relojes antiguos, hace necesario hacer una correcta valoración previa antes de comenzar una reparación ó en su caso restauración.

A veces, la puesta en funcionamiento del viejo reloj, será factible, y otras, su estado tendrá tal deterioro que resultará más razonable conservarlo en su estado original aunque no funcione. En este último caso, llevar al reloj a un estado de funcionamiento podría ser una labor tan compleja e implicar tantos cambios de piezas, que dicha restauración sería muy costosa, y además, destruiría parte de la originalidad y valor del reloj.

Por tanto, es conveniente poner siempre en contraposición los aspectos de funcionamiento y mantenimiento del estado original del reloj.

En su libro "Coleccionismo de Relojes Antiguos" , don José Miguel Echeverría nos dice lo siguiente acerca de los cuidados y mantenimiento del reloj:

"Estos se han de limitar a los que requiere un mecanismo en funcionamiento. Es curioso observar que si nos atenemos religiosamente a los engrases periódicos de nuestro automóvil, exigimos en cambio, que un reloj antiguo guarde una perfecta exactitud tras una o más generaciones de completo abandono.

Cada año, a lo sumo dos, hemos de retirar el movimiento de su caja con extremo cuidado, descolgando las pesas, si es de este tipo, y el péndulo, si se trata de un sistema libre, y proceder a una limpieza lo más completa posible, por medio de un pincel de pelo suave. Después emprenderemos la delicada tarea del engrase: el aceite ha de ser totalmente neutro, sin la menor señal de acidez y lo encontraremos en los almacenes de suministros de relojería sin la menor dificultad. Recordemos que el aceite debe depositarse en los puntos en que su presencia sea útil y no fuera de ellos. Con un engrasador formado de un trozo de alambre con un extremo aplanado, colocaremos una pequeña gota en cada contrapivote y en su concavidad de engrase, cuidando que no se vierta. En el tren solamente engrasaremos ligeramente las caras de fricción del escape, los engranajes no lo precisan por carecer de roce.

Aprovecharemos esta revisión para comprobar el estado de las cuerdas de tripa, cuya integridad es de gran importancia: su rotura puede acarrear un destrozo en el piso por la caida de la pesa o afectar gravemente los pivotes del tren en los que puede arrollarse el extremo alocado, en el caso de tratarse de un reloj provisto de cubo-caracol.

Con estos simples cuidados y la asistencia circunstancial de un relojero especializado, podremos disfrutar de la parte de nuestra colección que permanece viva y cumplir el mandamiento del coleccionista responsable, que nos recuerda nuestra obligación de restituir a nuestros sucesores, las piezas que nos fueron confiadas, en el mejor estado posible.