cucoclock   Relojes de cuco
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El reloj de cuco es uno de los relojes más populares de la región alemana de la Selva Negra.
Cuenta una leyenda, que un vendedor de vidrio llevó a la Selva Negra en 1640, un reloj procedente de Bohemia, región de la antigua Checoslovaquia, que fue copiado por los campesinos de la Selva Negra.


Otros autores estiman que el reloj fue introducido en la Selva Negra entre 1667 y 1695. También existen teorías que hablan del origen suizo del reloj de cuco.

La invención de este reloj pudo haber sido inspirada por relojes medievales con gallos autómatas, que existían en algunas ciudades de Europa. El canto del cuco era más fácil de repropucir que el del gallo.

El mecanismo para reproducir el sonido "cu-cu" fue inventado por Franz Antón Ketterer, nacido en 1671 eb Schönwald, Selva Negra, hacia 1730. Dos tubos de diferente longitud, con sendos fuelles que introducían aire en ellos, producían los dos tonos característicos del canto del cuclillo.

Michel Dilger, natural de Neukirch, inventó el pájaro autómata.

A principios del siglo XVIII, no existía una industria relojera en la Selva Negra; los habitantes de esa región vivían principalmente de las labores del campo y durante los fríos días de invierno, algunos se dedicaban a construir relojes.

Los primeros relojes de cuco fueron muy rudimentarios y estaban hechos principalmente de madera.


Los maestros relojeros tenían normalmente un oficial y un aprendiz en su taller, y en esos primeros tiempos podían construir cuatro relojes a la semana.
A partir de 1720 comenzó la actividad de los vendedores ambulantes que llevaban consigo los relojes a lejanos lugares en busca de clientes. Era frecuente que el pago incluyera la comida e incluso la habitación para pasar la noche. Ello permitía al comprador asegurarse del buen funcionamiento del reloj, el cual podía ser comprobado antes de que el vendedor partiese.


Vendedor de relojes ambulante

Años después, hacia mediados del siglo XIX, los trabajos de relojería eran ya más especializados. Cada taller solía hacer un tipo de reloj, y con la especialización aumentó considerablemente la producción.

Se crearon escuelas en donde se enseñaba todo lo necesario para la construcción de relojes.

La tradición relojera se fue desarrollando en la región, dando lugar a una auténtica industria relojera.

Los más célebres fabrinates de relojes de cuco fueron: Johan Baptist Beha de Eisenbach, Fidel Hepting de Gutenbach y Theodor Ketterer de Furtwangen.

Estudiando la genealogía de estos prestigiosos relojeros encontramos habitualmente antepasados dedicados también a la construcción -más artesanal- de algún tipo de reloj.


Las mujeres solían tallar y pintar los pájaros autómatas; delicados e ingeniosos mecanismos que movían las alas y el pico imitando muy bien el aspecto del cuco. Otros construían las flautas y los fuelles que producían los sonidos del cuco. Los movimientos, las cajas y las tallas de madera eran hechos por otros relojeros y artesanos.

Las agujas y los números de los diales eran a veces tallados en hueso.

El reloj de cuco, al igual que otros tipos de relojes de la Selva Negra evolucionó tanto en su mecanismo como en su caja.
La madera, materia fundamental en los primitivos relojes de cuco, fue gradualmente dejando paso al metal. La preponderancia de la madera en los mecanismos es una de las características que se utiliza para datarlos.
En esta evolución jugó un papel importante la disponibilidad de materias primas.


Escena de relojería antigua.

Respecto a la madera, comprobaron que el abeto -muy abundante en la región de la Selva Negra- era muy interesante para las cajas de los relojes y la tapa posterior en la que se fijaba el gong. Dicha tapa, así como el espacio cerrado que formaba la caja, ampliaban la sonoridad del gong.

El gong comenzó a utilizarse en la Selva Negra hacia 1830; este alambre de acero en forma de espiral, que al ser golpeado por el martillo, producía su sonido característico al dar las horas, fue introducido en la producción relojera de la Selva Negra por Kart Dold. Hasta esa fecha, los relojes de la Selva Negra disponían de una campana para dar las horas. Como ha ocurrido muchas veces en la Historia de la relojería, la introducción de un nuevo elemento ó ingenio, ha coexistido con otros anteriores, al menos durante cierto tiempo.

En los movimientos, el haya, muy resistente al agua y de bajo factor de expansión, se utilizó mucho para hacer ruedas dentadas y pletinas, antes de ser sustituida por el latón. El tilo, de grano muy fino, se utilizó mucho para las tallas que adornaban los relojes. Otras maderas como el roble, el nogal ó el fresno también fueron empleadas en los relojes de cuco antiguos.

Las campanas de los primitivos relojes de cuco eran de vidrio. A partir de 1740 los relojeros comenzaron a utilizar campanas de metal que importaban de Suiza y de la ciudad alemana de Nuremberg. En 1787 Leopold Hofmeyer creó una fundición de latón en la Selva Negra; en 1791 la empresa estaba a pleno rendimiento. Los procesos de fabricación de la preciada aleación se guardaban celosamente. Las proporciones de cobre y cinc para fundir el latón eran secretas, y solo el propietario de la fundición y el maestro, estaban presentes al pesar las catidades de estos dos metales.


Mecanismo de un reloj de cuco a resortes. Cerca de 1870.

La historia del reloj de cuco está unida a la de la Selva Negra.

El conocimiento de esa historia nos sumerge en un mundo de artesanos, maestros relojeros, fabricantes e inventores, que con ingenio y tesón crearon toda una industria relojera en esa región de Alemania.


Relojes de cuco antiguos, de pared, en 3 estilos distintos.

Escena de relojería antigua.

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